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Los bárbaros nunca se fueron

La violencia comienza cuando empiezas a tener miedo

Magali Tercero


La brisa del puerto se cuela entre las ventanas de todos sus habitantes. Oxida metales, mancha manteles, humedece todo lo que encuentra a su paso, a veces hasta nuestra misma memoria. El olor a mar, a sal, a pesca fresca es un rasgo único de Mazatlán y por temporadas se combina con el olor a sangre que corre entre sus calles. El sonido del reventar de las olas se pierde entre los lamentos de madres y padres que buscan a sus hijos. No es la brisa la que mancha de miseria a más de 400 familias; la que oxida amistades de más de diez años, es la violencia la que pudre a la gente que camina descalza entre vidrios rotos por las calles de Mazatlán, Sinaloa.

El pasado jueves 16 de junio de 2022, una cara familiar empezó a encabezar los carteles de personas desaparecidas. Una cara que por 27 años ha figurado en la vida de cientos de personas. Una cara que, tú lector tal vez no conozcas, pero yo detrás del teclado he visto desde secundaria. La cara de Mario Eduardo Salas Rentería. Las preguntas que vuelan cual buitres alrededor de la desaparición forzada de Mario, son las mismas que se encargan de re-victimizar a cualquier persona que se ve involucrada en una situación de violencia.


¿Qué habrá hecho?

¿Con quién andaría?

¿En qué andaría?

Todos nos hemos vuelto voyeristas adictos al morbo. La violencia se ha integrado de manera coloquial a nuestro lenguaje cotidiano. Se habla a la hora de la comida del asesinado afuera del cine. Se comenta que “otra vez hay colgados en puentes ¿te acuerdas? ¡como en 2009!”. Se convierte en un programa de televisión del que no nos enteramos que somos parte hasta que una persona cercana se convierte en el titular de la noticia. Tenemos las manos manchadas de ignorancia, de privilegio y la mente nublada con una sociedad que no existe. Pensar en violencia es pensar en lo impensable, en lo innombrable, en lo que nos ha enseñado a vivir con la idea de que nada pasa si uno no se mete.


¿Cuándo vamos a abrir los ojos?

¿Cuántos Marios se necesitan para reconocer la epidemia que se ha gestado durante años en Sinaloa?


A Mario lo espera su familia y sus amigos.

Mario no va a ser una estadística más.

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